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EL HOMBRE DE LA LUNA
 
EL HOMBRE DE LA LUNA
 
Pasaron los calores de agosto y la campiña comenzaba a vestirse con sus característicos rojos y naranjas naturales. En las tardes, los crepúsculos de cálidos colores se combinaban con un frío viento que susurraba a nuestros oídos la advertencia de estar preparados para el invierno. Una advertencia a la que siempre hacíamos caso. Para entonces, los almacenes de la aldea debían estar ya repletos de carne, granos y pieles curtidas, y si no era así, pues había que llenarlos. El otoño nos daba la última oportunidad de estar preparados.

Cuando sucedió lo que voy a relatarles yo aún era muy chico. Todavía no me gustaban las mujeres y mi mayor logro hasta entonces había sido escalar con éxito el viejo "magriev", el árbol de metal más anciano y alto del valle de las colinas, así que no me pidan que me acuerde exactamente de todos los detalles, porque el tiempo ha sido implacable conmigo y a cambio de dejarme vivir hasta esta edad en que puedo ver jugar y reír a mis nietos, me ha arrebatado de la cabeza muchos de mis recuerdos y memorias.

¡Ah , si! Les hablaba del otoño.

Bueno, fue en una de esas tardes de otoño cuando yo y mis dos inseparables amigos de aquel entonces,- Mareck futuro herrero y ahora también abuelo, y el risueño Amos, que para nuestra tristeza fue reclamado joven- que encontramos al hombre de la luna. No, no se rían ni crean que estoy loco, aquel hombre en verdad venia de la luna, pero déjenme continuar...

Mareck, Amos y yo, entonces despreocupados de la vida como cualquier niño que se jacte de serlo, nos encontrábamos jugando alegremente al antiguo deporte de deslizarnos con nuestros trineos planos por la antes verde y ahora seca, alfombra de pasto de nuestra colina favorita, cuando al subir de nuevo por ella después de bajar ya varias veces, nos encontramos conque en la sima, vestido con un grueso y rugoso traje blanco, se encontraba un hombre que nos miraba sorprendido.

Mi primera reacción fue la de salir corriendo hacia el poblado y de seguro fue la de Amos también, pero Mareck nos detuvo jalándonos de nuestras túnicas. -¡Alto ahí, cobardicos!- gritó.

-¡Vamonos Mareck!- le supliqué asustado, pero él ya estaba mirando fijamente y con curiosidad al extraño y como siempre, se negó a hacerme caso.

Por un momento los tres nos mantuvimos absortos con la visión del extraño y este con la de nosotros. El hombre no era viejo y tenía la piel demasiado blanca. El cabello era corto y negro. De lo demás so sabría que decir, pues su traje lo cubría por completo.

El hombre habló, pero antes, un sonido que salió de su cuello hizo clic.

-¿Quienes - son - ustedes? .- dijo cada una de estas palabras lentamente y con dificultad.

- Yo soy Marek, Gran Guerrero y ellos dos -, nos apuntó arrogantemente, - son mis sirvientes.

Aquello de sirvientes no nos agrado ni a Amos ni a mi, pero nos encontrábamos tan sorprendidos que ni siquiera éramos capaces de hablar.

-¿Y tu quien eres?- preguntó fríamente Mareck.

Amos despertó de su estupor e hizo por lo bajo una inocente pregunta.

-Oye Mareck...¿No será uno de aquellos "Viejos Hombres"?

Mareck se volvió a vernos con duda y después al extraño. ¡La piel del hombre era tan blanca!. Mareck dio un paso hacia atras.

-¿Que dijo...que dijo el niño? - preguntó el hombre titubeando. Parecía estar muy confundido.

- ¿Quien eres ? - repitió Mareck con firmeza.

El hombre se despabiló.

- Yo... me llamó Francois y... ¿En que año estamos?

Deje escapar una risita. Todo era tan extraño y estaba yo tan nervioso...

- ¿Eres uno de los Viejos Hombres? - continuó Mareck con su interrogatorio.

- ¿De los "Viejos Hombres"?. No entiendo...

- Si, si es. - respondió Amos con toda seguridad. Tal parecía que ya había perdido cualquier miedo al extraño. - Mis abuelos conocieron a gente como tu, ¿sabes?. ¿De donde vienes?

Titubeante, el hombre señalo la luna y después hacia un extraño brillo en las lejanas colinas.

- Aquella es mi nave y... ¿pero que demonios quieren decir con que soy un Viejo Hombre?

- Mi abuelo cuenta que antes el mundo estaba lleno de gente como tú y que lo trataban mal.

- ¿Mal? ¿Nosotros? ¿A tu abuelo?

- ¡No, tonto! - señaló Mareck.- Al mundo.

- Ajá. - continuó Amos - eso lo supo el "Gran Abuelo" cuando habló con la tierra. La tierra se lo contó y le dijo que eran malos, pero que no podía exterminarlos porque los necesitaba. La tierra tiene una misión ¿sabes?

- ¿De que diablos me están hablando? ¿Quien es el "Gran Abuelo"?

- ...Entonces el "Gran Abuelo" le dijo que los hombres viejos ya no eran necesarios, que nosotros podíamos ser como ellos o hacer nuevos y que ayudaríamos...

- ¡Llévenme con sus padres, quiero ver a alguien adulto, a alguien que me explique! - ordenó con voz firme el hombre de la luna. Amos se asustó y no dijo nada más.

Mareck, afortunadamente, no perdió su aplomo.

- Bien, hombre viejo de la luna, ¡síguenos!.

Comenzamos a bajar la colina en silencio, con el desconocido siguiendo nuestros pasos. En el cielo aparecieron las primera estrellas y entre los colores de la noche y el día se vislumbraba la uña de la luna, a la que el hombre volvía su vista de vez en cuando.

Finalmente, el visitante rompió el silencio.

- Me estabas contando una historia...- le dijo a Amos- decías que los Viejos Hombres debían ser...¿eliminados?

- Ex - ter -mi - na - dos. Mi abuelo dijo que exterminados.

-Es lo mismo, tonto. - replicó Mareck.

- Bueno, pues eso fue lo que el "Gran Abuelo" dijo y fue cuando comenzó la guerra durante la que todos los que eran como tú, murieron.

- ¿Como Yo? No entiendo...ustedes son como yo.

- Tu nunca entiendes nada. ¡Solo preguntas, preguntas y preguntas!. - reclamó Mareck.

El hombre de la luna habló para si mismo.

- ...Que extraño. Cuando venía hacia acá no detecte nada que me indicara una guerra. No hay radiación ni tampoco...

Fue entonces que, casi llegando al valle, Mareck se resbaló y su cabeza fue a estrellarse directamente sobre un grupo de rocas.

- ¡Ay!

El hombre nos apartó del camino, se acercó a Mareck con rapidez y lo levanto de entre las piedras.

- Déjame ver. Creo que te abriste pero no veo sangre. Tal vez...

Entonces, sorprendidos, vimos como el hombre de la luna habría sus ojos desmesuradamente.

- ¡Oh, Dios! - dijo- ¡Oh, Dios!

Colocó a Mareck de nuevo en el suelo y apunto con espanto hacia su herida. Mareck estaba mal, a través de su cráneo todos pudimos ver el enmarañadero de cables chisporroteando como estrellas.

- Ahora lo entiendo. - exclamó horrorizado .- ¡Ahora lo entiendo todo.!

Y sin decir más, hecho a correr hacia el lugar desde donde habíamos venido, perdiéndose entre las colinas.

Media hora más tarde, vimos como una estrella acendia #8211; veloz - de la tierra al cielo.


   
 
 

Fin
 

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  De: nexus30
Nombre: Gabriel Benitez.
Publicacíon: 08-Mayo-2003
Gabriel Benitez

 
 

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