Donde los cónyuges permanecen mudos y abstraídos el uno frente al otro, como si pensaran mutuamente en la libertad perdida
Juan Liscano, en su Introducción a Viajeros de Indias de Francisco Herrera Luque.
Con la cotidianidad a cuestas,
con el sopor de lo mil veces visto,
con el lastre del amor jurado;
ella parpadea.
Mira, está despierta.
A su lado él duerme,
descansa,
sueña en enseres que su amada
quiere o cree que quiere.
Ella piensa, él no me quiere,
me cree uno de sus enseres.
Se incorpora, va a su ventana
y entre luces de neón,
la luna le ve risueña,
el deseo sublime le atempera,
un terrible letargo hace mellas
y nuevamente piensa, ¿seré feliz? |