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El Chano consiguió al fin su propósito: Ser despedido a lo grande con honores de jefe de Estado. El caso es que el dichoso féretro no acertaba a doblar la esquina de la escarpada calle. La comitiva se agitaba impaciente revoloteando alrededor suya, o mejor dicho de su caja, presa de un nerviosismo avispado. Los municipales intentaban poner orden y hasta don Carmelo, el cura párraco, se afanaba sin suerte. Yo desde el primero C a vista de pájaro no me perdía un solo detalle. A pocos metros doña Angela con su estampa de girasol tronchado por el sol plomizo de agosto desorbitaba los ojos. Los dichosos barrotes del impertinente abalconado me dificultaban mirar a gusto. Mas aún cuando después de interminables minutos de deliberación las autoridades decidieron sacar al Chano de tan lastimosa prisión de cedro y acomodarlo en un sillón de amplios brazos para sortear de una vez por todas aquel giro imposible. Fue entonces cuando el espacio entre los barrotes se me antojó pequeño y sin pensármelo dos veces acerqué el taburete próximo no sin temor a ser descubierto y que se me fuera al traste la idea.¡No podía perderme la salida triunfal a hombros de medio vecindario de mi buen amigo Chano!. Al fin burlé mi estatura de párvulo y miré en panorámico. Ni la señora Angela anduvo lista ni el proceder fue sabio. De puntillas sobre el asiento con medio cuerpo de angelito volando caí desde las alturas para ir a parar donde el Chano. No me dolió tanto el golpe como perderme el final de tan esperpéntica historia. Años después tras no pocos interrogatorios a la señora Angela me desveló que ni siquiera Belmonte, que en su gloria esté, tuvo entierro mas multitudinario. A mi me quedó el código de barras de una cicatriz impresa a modo de relicario. Justo detrás, en la nuca, como un mal picotazo. Pero yo feliz, henchido de gloria, segundo de a bordo. A todo color en la portada de un mal diario. No recuerdo ningún túnel ni ninguna luz flotando. Como dijo uno de mis profesores mas tarde tampoco el bíblico Lázaro. Me quedó, eso si, bien clara la frontera entre lo real y lo imaginario y cuentan los que me vieron que antes de aprender a escribir mi nombre me sorprendieron rimando. |
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Fin |
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Comentarios para esta obra
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wld 06-Diciembre-2010 |
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~ Grande!!! |
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~ Encantada de leerte, es tu prosa de lo mas entretenida.Mis respetos. |
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