Quisiera perderme en el abismo
más que profundo, fascinante,
de tu mirada felina penetrante
capaz de estremecer mi estoicismo.
Más que a mirar a analizar proceden
cuando en los míos tus ojos se estacionan,
y me hipnotizan, y cautivan y apasionan
cuando el deseo de tu mirada me conceden.
No hablas palabra, mas lo dices todo
a través de las ventanas de tu alma;
has expulsado de mi ser la calma,
tan sólo por mirarme de ese modo.
Quisiera vencer el miedo a la aventura
de tocar tu piel de terciopelo,
de aspirar el aroma de tu pelo
y de aferrarme fuertemente a tu cintura.
Que el tomar tu mano con la mía
sobrepase el nivel de los saludos,
dejar tus labios con los míos mudos,
aún a riesgo de pagar por mi osadía.
Quisiera preguntarte al oído suavemente,
con la misma suavidad que lleva el viento,
si lo mismo que vibro y lo que siento
también tu ser lo vibra y lo presiente.
Y si coincides conmigo en los sentires,
las palabras sobrarán en adelante,
pues sabrás que dice el corazón amante
la próxima vez que tú me mires. |